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Nijinsky y su loco amor por la danza

 

Vaslav Nijisnsky fue denominado como el Dios de la danza en su época. Destacó por sus grandes condiciones como bailarín y sobre todo por su gran capacidad para saltar tan alto que no parecía un humano. Sus problemas mentales lo llevaron a terminar sus días en un sanatorio, sin embargo, dejó un gran legado a la danza y sobre todo al ballet clásico como bailarín y coreógrafo. 

“No me gusta Dios cuando es malo, yo soy Dios, Nijinsky es Dios, los doctores no entienden mi enfermedad, mi cuerpo no está enfermo, mi alma lo está, sufro, sufro, soy sólo un hombre, no soy Dios, yo sé que los socialistas me entenderían mejor, pero yo no soy socialista, yo soy parte de dios, soy del partido de Dios, no quiero guerras ni fronteras".

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Nijinsky nació en 1888, en Kiev. Fue un artista, bailarín y coreógrafo  de una familia muy pobre, sin embargo, sus dotes naturales para el  baile le permitieron acceder a los grupos más sofisticados de la  sociedad de su época, y llegó a revolucionar el ballet clásico.


Su familia estaba dedicada al ballet, desde varias generaciones atrás.  Es por esto que a sus 10 años ingresó a la Escuela Imperial de San    Petersburgo, en donde destacó inmediatamente como el mejor de su  generación gracias a su fuerza y posibilidades físicas en la danza.


Su primer debut fue a sus 17 años, cuando realizó su primera      presentación profesional en el Teatro Mariski, interpretando el ballet de  la ópera de Mozart, Don Juan. Sus problemas de salud mental se  hicieron notar desde el principio de su carrera y fueron los que  finalmente lo hicieron recluirse en un Sanatorio de Suiza.

Destacó como bailarín por sus excelentes condiciones físicas y sobre  todo por sus saltos. Muchos teóricos que lo veían bailar realizaban apuntes como el de Leon Werth cuando afirmó que: "Cuando le veo bailar olvido que el salto no es algo natural en el hombre".

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Fotografía: https://nonperfect.com/tag/nijinsky/ 
Muchos aseguran que la carrera de Nijinsky comenzó cuando fue expulsado del “Ballet Mariinsky” en 1911, cuando se negó a ponerse los calzones con los que los bailarines debían aparecer en escena. De esta manera pasó a ser miembro en exclusividad de la Compañía de Diaghilev con la que participó en la primera gira parisina.


Bailó por última vez en público el 19 de enero de 1919 en el hotel Saint Moritz, en Suiza. Antes de sumergirse de lleno en el universo de la locura. Escribió cuatro cuadernos que contienen su diario íntimo. Los textos fueron publicados en 1936 con el título “Diarios de Nijinsky”.

Un fragmento de su último diario:

“Yo quiero que fotografíen mis escritos para explicar mis escritos, porque mi escritura es la de Dios. La impresión destruye la escritura. La escritura es algo bello, es por eso que es necesario fijarla”.

 
 

 
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